
Explosión del polvorín n.º4 en el Pinar de Antequera
Por Enrique Hernández Cifuentes
EL MAYOR DESASTRE DE LA ÉPOCA CONTEMPORÁNEA OCURRIDO EN VALLADOLID

Introducción:
En octubre de 1989, un obsoleto carro de combate M-47, de los entregados mediante la ayuda estadounidense tras la Segunda Guerra Mundial, se mueve con torpeza entre los árboles del Pinar de Antequera [1], en las inmediaciones de la Cañada de Puente Duero.
Entre un claro del bosque, se divisa una importante depresión, con forma de embudo de unos 25 metros de profundidad y unos 100 metros de diámetro. No parecía un accidente natural, pues alteraba visiblemente el equilibrio del entorno y albergaba en su fondo una gran balsa de agua estancada.
El conductor, hábil y decidido, se propone iniciar el descenso hacia el fondo del embudo; tiene una pendiente de 60%, por lo que frena con firmeza las 40 toneladas del blindado.
Tras superar con éxito la primera parte de la maniobra, el conductor afronta con tranquilidad el ascenso por la vertiente opuesta. Al iniciar la subida, el vehículo se levanta de proa de tal forma que el conductor apenas logra divisar las rodadas. Avanza guiado únicamente a través del sistema de interfonía [2] por el instructor de la prueba, quien permanece expectante en la torre del carro. Una vez arriba, la prueba de decisión se considera satisfactoria y el conductor es aprobado; obtiene así el permiso de conducción especial de vehículo blindado sobre cadenas.
[1] Actualmente está prohibido el movimiento de vehículo blindados por zonas protegidas como el Pinar de Antequera.
[2] Sistema de comunicación que tienen cada vehículo blindado para poder hablar toda la tripulación entre sí.
Al regresar al antiguo destacamento de carros [3] del Regimiento de Caballería "Farnesio 12", comenté al capitán jefe de escuadrón aquella extraña irregularidad del terreno para averiguar de qué se trataba. Sospeché que podría ser una gravera para la extracción de áridos para cemento, similar a otras de los alrededores, aunque sus dimensiones eran menores. Finalmente, el capitán me aclaró el misterio: se trataba del cráter provocado por la explosión de un polvorín militar en al año 1940.
[3] En aquella época el destacamento de carros del Regimiento de Caballería Acorazado del Regimiento Farnesio se encontraba en lo que hoy son los Talleres del Pinar – Parque, de multiaventura y ocio. El recinto depende patrimonialmente del Ayuntamiento de Valladolid, pero su explotación y gestión comercial está privatizada a través de una concesión administrativa.
Aquella incógnita quedó latente en mi memoria hasta que, en 2014, llegó a mis manos un libro digital de Francisco Javier Municio Pérez que investigó y detalló los dramáticos acontecimientos allí ocurridos; despertó sobremanera mi interés por lo sucedido y la mayoría de este reportaje es un extracto de su excelente obra.
Actualmente, el embudo provocado por la explosión se encuentra tapado; fue cubierto en el año 2005 para devolver el equilibrio ecológico de la zona, pero las cicatrices de la historia permanecen visibles, como comprobaremos más adelante.
Nos encontrábamos, sin saberlo, en el escenario del mayor desastre en la edad contemporánea de la ciudad de Valladolid. Desde su fundación por el Conde Ansúrez en el siglo XI, la mayor catástrofe conocida habían sido las inundaciones por el desbordamiento simultaneo de los ríos Pisuerga y Esgueva en 1636, donde se estimó el fallecimiento de 150 personas. La tragedia que nos ocupa hoy se cobró 116 víctimas mortales; de ellas, sólo se pudieron identificar los restos de 18 personas, los 98 restantes desaparecieron instantáneamente, pulverizados por la onda expansiva y dispersados por el pinar, junto a los fragmentos de la estructura militar, que hoy en día todavía pueden encontrarse en un radio de 2 kilómetros desde la zona cero.
CONTINUARÁ....
